Violencia, protestas y democracias en conflicto

Decía Bertolt Brecht que sólo la violencia ayuda allí donde la violencia reina. Gandhi, en cambio, mantenía que si nos guiamos por la política del ojo por ojo, el mundo acabará ciego. En un punto más o menos intermedio, Hannah Arendt afirmaba que, aunque la violencia puede ser un medio puntual para obtener reformas y, en ocasiones, un recurso justificable, no será jamás una herramienta legítima. El tema de la violencia es probablemente uno de los más complicados de abordar; no es fácil defender una postura de forma absoluta, ya que son muchos los factores que intervienen a la hora de justificarla como herramienta puntual o de renegar completamente de ella. Precisamente por eso, por la cantidad de matices que conlleva, hemos querido tratar el asunto de la violencia desde varias perspectivas y tomando como punto de partida algunos de los conflictos recientes que se han vivido en diferentes lugares del mundo. Para ello, hemos hablado con Daniel, Germán (@german_aranda) y Salva, periodistas en Madrid, São Paulo y Estambul respectivamente, y Margaritas, que tiene una librería en Atenas.

EL CONTEXTO

En Madrid, como muchos de vosotros sabréis, ahora mismo la situación es de calma relativa. Daniel recuerda que “el punto álgido fue la ocupación de la Puerta del Sol, en la acampada que siguió al 15M. En aquel momento se pedía de todo pero había ciertos puntos de coincidencia, especialmente en lo relativo al funcionamiento de la democracia. La gente ya no siente que forma parte del poder sólo con ir a votar cada cuatro años. Desde 2011, Mariano Rajoy gobierna en fraude electoral, pues no está cumpliendo prácticamente ningún punto de su programa. Los recortes están jodiendo en España las tres patas de lo que los profes llaman “el estado de bienestar”: educación, sanidad y servicios sociales. Esto por no hablar de los aumentos de impuestos, la precarización de lo público y la falta de apoyo a la cultura. Por ahí van las reivindicaciones ahora. Están más fragmentadas. Existen varias ‘mareas’ que luchan contra los recortes en esos frentes. Durante este tiempo, las manifestaciones en Madrid han sido mayormente pacíficas. Ha habido pequeños grupos que se han enfrentado a la policía, pero no es algo generalizado”.

En el caso de Atenas, las protestas comenzaron cuando llegó la troika, afirma Margaritas. “Al principio fueron muy violentas, incluso murió gente, pero en este último año no han sido tan masivas y ha habido menos violencia. El gobierno ha seguido diferentes estrategias, pero la mayoría de las veces y sobre todo en las manifestaciones de los primeros años, ha sido muy agresivo contra los manifestantes”.

Salva nos explica que en Estambul las revueltas masivas empezaron el 31 de mayo, “sin embargo, el detonante lo encontramos un día antes, cuando un grupo de activistas que llevaban varios días acampados en el parque de Gezi fueron brutalmente desalojados mientras dormían. La policía inundó el parque de gas lacrimógeno, y luego apaleó a los jóvenes y quemó las tiendas de campaña”. Los activistas estaban protestando en contra del proyecto de construcción de un mega centro comercial junto a la plaza Taksim, que implicaba eliminar por completo el parque Gezi. “La violencia de las imágenes del desalojo hizo que ese mismo día se reunieran más de 10 mil personas en el parque. La policía volvió a cargar contra ellos dejando imágenes como la de la mujer de rojo, que pasaron a ser símbolo del movimiento de resistencia turco y convirtieron un simple acto de protesta en defensa de una zona verde en un movimiento social por la libertad y los derechos humanos, y finalmente un despertar masivo contra el sistema elitista en el que vivimos en Turquía”.

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Mujer rociada con gas lacrimógeno por la policía en la plaza Taksim (Fuente: Reuters)

“Uno de los días más significativos fue el 1 de junio, cuando los manifestantes consiguieron que la policía se retirara. Ese día los manifestantes perdieron el miedo y empezaron a ser conscientes de la gran fuerza que supone su unión”.

En cuanto a São Paulo, Germán cuenta que las revueltas empezaron el martes 16 de junio pidiendo una rebaja en el precio de los autobuses, que recientemente había aumentado 20 céntimos en todo el país. “La represión policial en las marchas del día 18 y el efecto viral de las redes sociales extendió las protestas a todo Brasil. Pronto salieron a la luz descontentos contra el sistema político y público del país. La precaria situación de los servicios públicos y una clase política muy corrupta y aislada del pueblo, poco representativa, fueron las principales reivindicaciones. El gobierno de Dilma Rousseff expresó su compresión hacia las protestas e intentó agilizar una serie de medidas para darles respuesta, pero las marchas continuaron durante mucho tiempo”.

¿QUÉ TIPOS DE VIOLENCIA HA HABIDO y QUIÉN LOS HA PROTAGONIZADO?

En Madrid, sobre todo, “ha habido violencia en la frontera con los antidisturbios. También se han lanzado piedras contra algunas multinacionales, pero la rabia se ha dirigido sobre todo a los bancos. La violencia la han protagonizado más bien grupos concretos. Da la sensación de que hay gente que va a las manifestaciones preparada para que pase algo, preparada para la violencia. Y luego hay un grupo que sólo va a manifestarse pero que, dada la situación violenta, no recula. En cualquier caso, el número de antidisturbios convocados es casi siempre una locura. Estos tipos, además, actúan con una impunidad total. Incumplen la ley no llevando visible su número de identificación y vuelven a incumplirla al no darlo cuando un ciudadano se lo solicita. La red está llena de vídeos que demuestran que hay antidisturbios especialmente violentos que reinciden en sus agresiones gratuitas y que jamás son apartados del cuerpo. Cuando la denuncia llega, no suelen ser condenados. Cuando son condenados, el Gobierno les indulta. Están totalmente al margen de la ley”.

En Atenas, “la mayor parte de los actos violentos que se han producido han sido contra propiedades, sobre todo edificios públicos o de grandes multinacionales, y contra la policía. No es fácil determinar qué grupos protagonizaron estos actos, ya que en ellos había gente muy diversa, no sólo de grupos políticos, sino todo tipo de gente”.

Durante algunos enfrentamientos entre manifestantes y policía en Estambul, “esta última ha hecho uso de gases, camiones lanza agua y balas de plástico. Los manifestantes usaban barricadas y lanzaban piedras. Los daños sufridos en el mobiliario urbano no fueron actos de vandalismo sino más bien daños ‘colaterales’. Los grupos asociados en Gezi-Taksim (más de 80 colectivos y ONGs) siempre defendieron la movilización pacífica. Pero las protestas agrupaban a muchísimos colectivos muy distintos entre ellos, con el denominador común del malestar contra el gobierno de Tayyip Erdogan, cosa que hacía imposible diferenciar entre pacíficos y violentos”.

En São Paulo, Germán diferencia entre cuatro tipos de violencia: “1) la violencia política de las minorías más radicales, encaminada sobre todo a ocupar y dañar edificios representativos de poder (instituciones públicas, grandes multinacionales, bancos y policía), generalmente con piedras, aunque también con cócteles molotov; 2) la violencia arbitraria más regida por el temperamento que por objetivos concretos y dirigida al mobiliario urbano; 3) la violencia de delincuentes comunes que aprovechan los tumultos para expresarse con violencia, robar o saquear comercios; y 4) la violencia policial”.

LA REACCIÓN POLICIAL

En el caso de Madrid, “si todo está tranquilo, aguantan. Si hay provocación, se les lanza algo, etc., se arman y proceden. En España se disparan pelotas de goma que, según tengo entendido, están prohibidas en otros países. Y alguna vez se incumple la normativa, disparando directamente el objetivo, y no mediante un rebote en el suelo, que es como debe ser. Pero lo dicho, si pasa algo, nadie se come el marrón”.

La reacción de la policía griega ha sido, por lo general, “muy violenta, incluso cuando los manifestantes eran pacíficos. En algunas protestas se han llegado a utilizar incluso productos químicos muy dañinos”.

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La policía griega agrede a un manifestante durante una protesta en la plaza Syntagma de Atenas, 2011 (Fuente: Eagainst.com)

En Estambul, “la policía goza de una gran impunidad y es por eso que el exceso en el uso de la fuerza se ha normalizado alarmantemente. Para que os hagáis una idea: a la semana de empezar las protestas, la agencia Reuters señalaba que la policía turca había usado durante 6 días el doble de cápsulas de gas lacrimógeno de las que se habían utilizado en toda Europa durante el año 2012”.

La violencia policial en São Paulo se ha caracterizado “por la desproporción y la arbitrariedad, debido a lo poco acostumbradas que están las fuerzas del país a lidiar con movimientos sociales. No ha sido extraño verlos utilizar bolas de goma, gas pimienta y bombas de efecto moral contra manifestantes pacíficos y, sin embargo, mostrar cierta inacción cuando los más violentos la liaban. En la marcha del 18 de julio, una de las más pacíficas, se detallaron escenas de sadismo y acorralamiento que nada tienen que ver con el control de la violencia en las calles, si no más bien con una voluntad de intimidación, tal vez de venganza. En Rio de Janeiro y Belo Horizonte, la violencia policial se ha incrementado especialmente cuando las marchas ciudadanas se acercaban a estadios de fútbol. La policía brasileña es una de las más violentas del mundo y, lamentablemente, los incidentes en manifestaciones no son las expresión más grave de este talante. Miles de personas mueren anualmente en las zonas más deprimidas del país por culpa de la brutalidad policial, generalmente justificada por la guerra contra el narcotráfico. El uso de armas de fuego es excesivo, acaba con la vida de delincuentes e inocentes y existen recomendaciones de la ONU de desmilitarizar la policía. La policía militar es la que tiene mayores efectivos en las calles y su formación tiene poco que ver con la convivencia ciudadana”.

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Policía militar dispersando a manifestantes en São Paulo (Fuente: The Guardian)

EL PAPEL DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN

“Los medios españoles, en general, son bastante previsibles en ese sentido”, afirma Daniel. “Cuando hay violencia, la violencia es la noticia. No la obvian, al contrario, la buscan. Si el medio es afín a las protestas, se coloca en un segundo plano o se informa también de la violencia policial. Si el medio es pro Gobierno, las agresiones policiales no existen y sólo se da cuenta de la versión oficial con parte de detenidos y heridos en el bando de ‘los buenos’. Sólo algunos medios y algunos periodistas se han mostrado comprensivos y han hecho ese razonamiento de: si no les escuchas en absoluto cuando se manifiestan como deben, entonces se manifestarán como no deben“.

“En Grecia los medios de comunicación han dado muy mala publicidad a los actos violentos, olvidándose muchas veces de centrarse en otros temas, como por ejemplo la cantidad de gente que protestaba o el porqué de las protestas en sí”.

“Los medios de comunicación turcos son víctimas de la censura, bien por medio de represalias del gobierno, bien porque simplemente están dirigidos por el gobierno y/o amistades afines. Turquía es el país con más periodistas encarcelados, según señala desde hace años Amnistía Internacional. Así que la actuación de los medios ha sido vergonzosa. En un primer momento, ignoraron por completo las protestas hasta que pasó algo totalmente surreal: el primer ministro emitió un comunicado de prensa en el que menospreciaba unas movilizaciones en defensa de un parque, y la opinión pública no entendía nada, ya que no habían sido informados antes sobre los sucesos. Después del comunicado, algunos medios se trasladaron a la zona de Taksim para cubrir las protestas, pero no fueron muy bien recibidos. El 2 de junio, después de los enfrentamientos que terminaron con la retirada de la policía, el equipo de la televisión NTV, que estaba haciendo una conexión en directo mostrando los desperfectos en el mobiliario urbano ‘provocados por vándalos’, fue expulsado de la plaza por los manifestantes, sin poderse llevar la unidad móvil, que se quedó en la plaza de Taksim como símbolo del poder de los manifestantes.”

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Furgoneta de la NTV en la plaza Taksim (Fuente: Wikimedia Commons)

¿SE PUEDE JUSTIFICAR LA VIOLENCIA?

Según Daniel, “el espíritu del 15M se basaba en pacifismo, reflexión, protesta, proposición, etc. Pero eso no funcionó como muchos esperaban. La situación desde 2011 no ha hecho más que deteriorarse, y mucho, así que hay gente que piensa que el siguiente paso es ser más vehemente. Sin embargo, al poder, la violencia en las manifestaciones –por aislada, minoritaria y objetivamente ridícula que fuese– le ha servido como excusa para desacreditar todas las peticiones, muchísimas muy legítimas, que se le estaban haciendo. Es exasperante. Creo que lo que lleva a las personas a responder violentamente es una mezcla de rabia y desesperación. Y sí, encuentro justificable cierto nivel de violencia. Ahora bien, una cosa es justificar, comprender la violencia, ser empático, y otra distinta considerar fríamente que es una forma legítima. Legitimar la violencia en democracia supondría legitimar la violencia del que no piensa como tú. Creo que la violencia es un fracaso y que no se debería considerar una estrategia legítima en democracia. El problema de esta pregunta y del razonamiento, y el problema, por cierto, que subyace a todas las protestas que tienen lugar aquí, es si vivimos en una democracia. Yo creo que no, que vivimos en una dictadura de los mercados y de ciertos organismos supranacionales. En ese contexto, la cosa cambia. Me gustaría pensar que no, pero quizás no haya manifestación pacífica suficientemente grande como para que ciertas cosas cambien, aunque lo quiera la mayoría”.

Germán cree que el nihilismo debido a años y años de fracasos en diferentes formatos de sociedad, despierta la necesidad de violencia en algunos grupos. “También hay cierto atractivo estético en la violencia revolucionaria: los pasamontañas, la destrucción, los cócteles molotov. Personalmente, en general, repudio la violencia y no la considero legítima en contextos democráticos. Sólo cuando una mayoría social respalda un verdadero cambio de raíz y el estado se opone con violencia me parece que es justificable (además de cuando es utilizada como defensa de la propia integridad).”

Eso sí, “la violencia policial es aún menos justificable, porque no es aislada como la de algunos civiles, sino sistemática, programada y muchas veces indiscriminada; además de tratarse de agentes del estado atacando a parte del mismo pueblo a quien representan… La existencia de estados determina que sus agentes tienen el monopolio legal de la violencia. Si no hubiera armas en el mundo, nadie tendría ese dudoso privilegio, pero eso ya es otro tema. Aunque no lo comparta, puedo llegar a comprender ese monopolio de la violencia (o de la coacción) cuando hay que reprimir una acción violenta. Pero de eso al abuso policial hay un trecho enorme.  Al final, la voluntad de pervivencia en el poder es lo que mueve a los gobernantes a dar órdenes para que se active la violencia policial, lo que les lleva al error de creer que quienes se manifiestan están en un bando y ellos, defendidos por sus agentes, en el contrario. Es el gran fracaso de la democracia representativa y el alejamiento de los políticos de sus bases”.

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Manifestante en Rio de Janeiro (Fuente: The Telegraph)

OTRAS FORMAS DE VIOLENCIA

Con frecuencia, al hablar de violencia, se simplifica el tema haciendo referencia únicamente a los actos violentos que ocurren durante los conflictos. Sin embargo, existen formas de violencia menos explícitas y más cotidianas que muy a menudo suponen el detonante o la gota que colma el vaso de eso que llaman ‘la paz social’.

En el caso de Madrid, y de España en general, “el contexto de recortes brutales en sanidad y educación, de desahucios de familias con hijos que no tienen a donde ir, un contexto en el que se están salvando bancos con dinero público, es una paliza; es peor que si te diesen de hostias, porque te están robando en la cara”, opina Daniel.

Margaritas afirma que en Grecia el gobierno utiliza la violencia cada día en contra de la sociedad. “Para empezar, los ciudadanos no están siendo juzgados de manera justa e igualitaria (a los políticos, por ejemplo, nunca se les juzga). Además, se pagan salarios con los que la gente no puede sobrevivir, los impuestos son más altos de lo que la gente puede pagar, se cierran hospitales y colegios, las pensiones de las personas mayores se recortan cuando éstas han estado toda su vida pagando para poder tenerlas…”.

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Manifestación de pensionistas en Atenas, 2012 (Fuente: Washington Post)

Salva cree que hay muchas formas de violencia, y muchas son más agresivas que la violencia física. “La provocación es una de ellas. El gobierno de Erdogan ha estado provocando constantemente a sus seguidores a que salieran a la calle. Nunca les dijo directamente: ‘salid a la calle y atacad a los manifestantes que protestan en mi contra’, pero con sus discursos orquestados a partir del ‘nosotros-ellos’, y con  constantes mentiras como ‘los manifestantes han mantenido sexo en la mezquita’, ‘han quemado la bandera turca’ o ‘han atacado a jóvenes con pañuelo’, han provocado que los votantes más violentos salieran durante muchos días y atacaran con palos y navajas, y con el consentimiento de la policía, a los manifestantes pacíficos”.

EL FUTURO

“La nuestra” –opina Daniel– “es una generación nacida en democracia y a la que las manifestaciones, antes o después, le habían valido para algo. Es la primera vez que nos sentimos tan absolutamente impotentes y no sé cuánto más vamos a tardar en asumir que la protesta pacífica en este contexto es inútil. Y si lo hacemos, quizás encontremos otras formas de acción. Puede ser la creación de nuevos partidos, la elección de nuevos líderes. O la protesta violenta. La verdad es que veo más factible lo primero. Un cambio bastante drástico a nivel político, un relevo generacional en los políticos y un contexto en el que las reivindicaciones de la calle tengan mercado de votos. Que aparezca alguien que haga algo, que proponga cosas fuera de los márgenes. Sinceramente, no veo a Madrid levantándose en una manifestación de un millón de personas dispuestas de verdad a hacer algo simbólico como entrar en el Congreso, pasando por encima de la policía. Creo que eso no va a pasar nunca”.

Según Margaritas, la sociedad griega aún no ha llegado a su punto más violento, así que “en el futuro es previsible que haya más violencia en las protestas”.

Desde Estambul, Salva teme que un crecimiento de la violencia pueda desencadenar una guerra civil, “pero mientras no se respeten los derechos de las minorías, el pueblo está en pleno derecho de alzar su voz. No ha existido revolución sin violencia”.

A Germán le gustaría que, “del mismo modo que el gobierno ha respondido a otras peticiones anunciando medidas, atendiera también a las constantes denuncias de brutalidad policial aplicando métodos de control y llamando a los policías a minimizar, o suprimir, el uso de la violencia. La policía tiene que ser lo suficientemente avanzada e inteligente como para frenar la violencia ciudadana sin necesidad de agredir, y aún menos de agredir a inocentes”.

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